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La bajada de la leche

 

La bajada de la leche ocurre dentro de los primeros 3 a 6 días postparto y está determinada por factores que dependen del tipo de parto (vaginal o cesárea).

 

Dentro de los factores que la favorecen están:

  • El agarre precoz por parte del bebé (no más de 2 horas post parto);

  • La menor intervención y/o medicación posibles durante el parto y

  • El evitar que el bebé sea separado de su madre durante la estadía en el centro hospitalario.

Muchas veces la bajada de la leche viene acompañada de una leve congestión o sensación de plenitud en los pechos. Incluso pueden presentarse síntomas parecidos a los de una gripe: fiebre y/o malestar general.

 

Esta congestión se produce porque la producción de leche por parte de la glándula puede superar la capacidad de ingesta del recién nacido, fenómeno que permite al organismo de la madre asegurar la alimentación de la nueva cría.

 

Además de esta “sobre” producción inicial de leche, los pechos se encuentran inflamados, es decir con líquido entre los tejidos, el que debe ser redistribuido y eliminado por el sistema linfático una vez que en el cuerpo de la madre ya no existe la unidad feto-placenta. Este edema puede verse aumentado si es que la madre ha recibido muchos líquidos (sueros) durante el trabajo de parto o cesárea.

 

Lo importante en este período es amamantar de manera frecuente al bebé, para mantener los pechos lo menos congestionados posible.

 

Se recomienda:

  1. Poner compresas húmedas y tibias antes de dar de mamar,

  2. Dar suaves masajes circulares y en dirección a la areola,

  3. Así como también tomar una ducha calentita para ayudar al drenaje de los conductos.

  4. La aplicación de hojas de repollo y almohadillas de gel post mamadas producen gran alivio a la sensación de calor en los pechos.

Así como la bajada de la leche puede pasar desapercibida en algunas madres si es que el bebé mama frecuentemente, en otras esta congestión puede aumentar más de lo normal convirtiéndose en lo que llamamos ingurgitación mamaria, donde los pechos se sienten duros y dolorosos. En este caso no se recomienda la aplicación de compresas calientes, pues pueden aumentar el edema por vasodilatación; así como tampoco aplicar frío, pues esto dificultaría el drenaje de los conductos. Los antiinflamatorios indicados por el médico (en su mayoría son compatibles con la lactancia) y el vaciamiento frecuente de las mamas son de gran ayuda.

 

Cuando la ingurgitación no cede, el edema puede llegar a estirar tanto la piel de las mamas que el pezón se aplana. Esto se llama plétora y dificulta que el RN pueda lograr un buen acople.

 

Para descomprimir la zona areolar se debe realizar un masaje llamado PIS (Presión Inversa Suavizante), el que consiste en desplazar el edema acumulado detrás del pezón presionando con los dedos hacia el tórax de la madre. Una vez que la areola se ablande, podemos extraer manualmente un poco de leche antes de ofrecer el pecho al recién nacido.

 

Recordar que la bajada de la leche es un período de transición, necesario para lograr una lactancia bien establecida.

 

Estos síntomas pueden durar unos días hasta que la producción de leche se ajusta a la demanda de nuestro bebé.

 

Tomas frecuentes, evitar interferencia (uso de chupete y mamaderas) así como también lograr una posición y agarre correctos, resultan fundamentales para evitar inconvenientes durante las primeras semanas de lactancia.

 

 

 

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