Somos Eugenia y Alejandra

Conoce la papa
Posts Recientes
Please reload

La lactancia no es comida, es intimidad.

 

Nunca me voy a olvidar aquella enfermera que entró a mi pieza a las pocas horas de haber parido, me agarró el pezón y se lo metió a la boca a mi hijo sin preguntar ni mucho menos pedir permiso. Fue todo tan rápido y violento que me quede sin habla, no pude expresarle mi molestia.

 

Jamás pensé que alguien a quien yo no conocía ni había visto en mi vida se iba a meter en mi metro cuadrado así no más, sin decir ni permiso.

 

Gracias al universo que desapareció tan rápido como apareció, tuve la suerte de que mi hijo se acoplara inmediatamente al pecho y se quedó ahí como quien se queda en un jacuzzi, relajado y en modo zen.

 

Esta pequeña escena se las cuento para que podamos entender que la lactancia es mucho más que alimento. La lactancia (materna o no) es un encuentro entre tú y tu hijo. Es una invitación a conocernos, a mirarnos, a leernos y a lograr entender la complejidad por la que estamos atravesando.

 

Los primeros días del recién nacido pueden ser tan perturbadores, que el simple hecho de mirar a su madre a los ojos lo puede calmar. Piensen que en menos de 24 horas el bebé pasa de estar en el agua, oscuro, a 37 grados Celsius, con el sonido del corazón de su mamá, movimiento permanente, contacto con las paredes del útero, etc. a estar respirando por la nariz, intentando agarrar el pecho, succionar para obtener alimento, identificando todas las voces que entran y salen del cuarto, desconociendo a cada persona que va a ver a la mujer parturienta y quiere cargarlo en brazos, etc. Es decir, su mundo cambia en 180° de un minuto a otro.

 

Poder tener ese momento de intimidad con su madre es lo que el bebé desea y exige a llantos. Muchas veces entendí que mi hijo no solo quería alimentarse, sino que quería hacerlo en un espacio sagrado donde sólo había cabida para él y para mí. Si yo hablaba, rápidamente soltaba el pecho, me miraba con cara de “Perdón, un poco de silencio” y no volvía a tomar el pecho hasta que yo me quedara callada. Debo reconocer que me costó un tiempo leerlo y entender que mientras amamantaba, al menos los primeros meses, tenía que ser en silencio absoluto para que él pudiera estar tranquilo.

 

Y me tocó rendirme a la experiencia con todo lo que ello significaba. Me tocó entender que la lactancia no es una lucha, sino que un encuentro de amor. Un encuentro íntimo, alegre y divertido. Donde existe un lenguaje no verbal que sólo yo y mi bebé podemos reconocer y que muchas veces te comunica mucho más que lo que podrían significar las palabras.

 

El prohibir visitas en la clínica me ayudó a que este encuentro fuera exitoso, tuve toda la paz que necesité para confiar en mí y en las capacidades que la naturaleza me otorgó para poder amamantar. Porque para lograrlo necesitas tiempo, confianza, paciencia, seguridad, intimidad, calor y desnudez.

 

Nunca tuve a nadie (por suerte) que me estuviera criticando o evaluando la forma en que lo hacía, fue todo perfecto para que mi hijo se sintiera protegido y amparado.

Con el tiempo y luego de dos hijos entendí (a pesar de que lo leí mil veces, pero una cosa es leer y otra es vivirlo) que nada que tenga que ver con el encuentro amoroso va a tener reglas, tiempo, horario ni cantidad.

 

Amamantar (ya sea con un biberón o con el pecho) es un tema de intimidad, es como aprender a hacer el amor. Nadie te dice cómo hacerlo, ni qué hacer primero ni qué segundo ni qué tercero. Tú simplemente lo haces según te vaya naciendo, según cómo tus instintos te vayan guiando. Jamás vas a disfrutar si no te entregas a la experiencia, sin deseos ni expectativas, simplemente renunciando a todo pensamiento que obstaculice vivir el momento.

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

  • Instagram - Black Circle
  • Facebook Black Round

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS