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¿A dónde se fue la Líbido? ¿Alguien la ha visto?

 

 

Cada vez que me piden que escriba para algún medio de comunicación, me sugieren que parta con un post sobre la LÍBIDO. Al parecer las mujeres andan buscando su libido como quien busca a Wally, sobre todo si están embarazadas o amamantando. Y siempre digo que no hablaré desde el lado médico, uno porque no soy doctora y dos porque la fisiología ya está descrita en todas partes y aun así no ha habido nada comprobado que haga que recuperemos nuestra libido.

 

Así que mi recomendación siempre ha sido que NO gasten dinero en pastillas, ni en ostras, ni en nada que te vendan como afrodisíaco porque no existe. Mejor pon atención a lo que está sucediendo contigo y tu pareja antes de esperar que ocurra el milagro.

 

Pasa que nadie quiere hablar de sexo,

nunca. Mucho menos si estas embarazada o amamantando, pareciera un tema tabú del cual todos quieren saber pero nadie quiere que sepan que tú quieres saber, por ende no preguntan nada y se quedan con la información de la amiga de la amiga o lo poco y nada que te dice el doctor.

 

Sabemos que existe una cuarentena y que los hombres van tachando los días, cual preso, para que se acabe. Lo que nadie te dice es que al finalizar los 40 días no se produce mágicamente el efecto anhelado.

 

Pareciera que la fantasía colectiva es que doña libido va a tocar el timbre y llegará con bombos y platillos a apoderarse de tu cuerpo y el de tu pareja. Pero no, te enfrentas a la triste realidad que el día 41 es igual al 39, y así sucesivamente.

 

Y sí, es real que nuestra amada libido (energía o pulsión sexual) hace sus maleta y abandona tu body junto con el baby. En algunos casos pareciera que en la medida que el bebé crece en la panza se la fuera co

miendo y poco a poco desaparece.

 

En otros casos pasa al revés y va aumentando en la mujer pero disminuye en el hombre, pareciera que a mayor barriga menor deseo masculino, siempre con el temor de hacerle daño a su hijo. Son raras las veces que me ha tocado saber de parejas que vivieron el embarazo y/o puerperio en sintonía sexual, por no decir nulos.

 

El problema está en que seguimos considerando nuestra vida sexual SOLO en torno a la penetración, y así es como las parejas comienzan a distanciarse lentamente. Una vez que no hay acto sexual, automáticamente las parejas dejan de hacerse cariño, darse besos (por muy púber que suene, con lengua), tocarse los genitales, masturbarse, lengüetearse, etc. Y desde mi punto de vista, aquí radica el problema.

 

Dejamos de tocarnos, de sentirnos, de abrazarnos por miedo a que el otro me mal interprete e intente algo más. De a poco, todo comienza a estar más frío, nace el bebé y nos transformamos en verdaderos témpanos de hielo (ambos) y nuestra vida íntima se ve afectada y terminamos culpando a nuestro hijo, las hormonas, el embarazo y/o la lactancia.

 

Pareciera que la llegada de  los hijos pone en evidencia un funcionamiento que probablemente existía antes pero del cual nadie se había querido hacer cargo. Por eso, para mí como terapeuta es muy importante indagar en el funcionamiento previo, y aunque la respuesta generalizada es “todo bien, ningún problema”, cuando te pones como detective te das cuenta que ese todo bien no era tan bien y que muchas veces existen disfunciones sexuales en cualquiera de los miembros de la pareja que ni siquiera sabía que tenía.

 

Por ejemplo el vaginismo. Qué manera de escuchar mujeres que les duele la penetración y que en verdad siempre les ha dolido y nunca han consultado ni mucho menos mencionado a su  ginecólogo. Y obviamente evitan las relaciones sexuales porque quién va a querer hacer algo que le duele, es ilógico. O en los hombres la eyaculación precoz, cada día más común y menos hablada. Un hombre que eyacula antes de 1 a 1,5 minutos desde la erección, donde dicho comportamiento le causa angustia y problemas relacionales, es eyaculador precoz.

 

Pero ellos siempre se excusan diciendo que están estresados, cansados, que bebieron mucho, que la panza es muy grande, bla bla bla. Excusas para no asumir un problema de raíz, el cual tiene nombre y apellido y lo mejor de todo es que tiene solución.

 

Y en este mundo donde queremos las cosas inmediatas, donde no nos detenemos a ver el camino recorrido si no que estamos en la inmediatez, buscamos recetas mágicas y mapas del tesoro para poder ir en búsqueda de la señora libido que hizo abandono del hogar hace meses y aún no retorna. Y estamos mal. El foco no está ahí, el foco hay que ponerlo en la pareja.

 

Está claro que en el embarazo y la lactancia hay un festival de hormonas dentro de nuestro cuerpo haciendo de las suyas, pero por qué hay mujeres que les aumenta y otras que les disminuye, si supuestamente las hormonas son las mismas en cada una de nosotras. Basta de culpar las hormonas de la mujer por la escasa libido, acá hay una dinámica instaurada hace meses, probablemente años que resalta en épocas de ma-paternidad.

 

 

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