Somos Eugenia y Alejandra

Conoce la papa
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Una de las cosas que más me remueve emocionalmente es saber de una pareja que está intentando tener un hijo y no lo logra. Creo que todas las que hemos estado alguna vez en campaña creemos que es tan fácil como  dejar las pastillas y esperar que al mes siguiente ya estemos embarazadas. A veces pasan meses, y aunque todos nos dicen que es normal, la angustia y la preocupación crecen y en vez de gestar un bebé, gestamos la fantasía de la infertilidad. Fantasía que muchas veces se transforma en un discurso engañado e incorporado en nuestro ser, que aunque no lo verbalicemos está presente y molesta tanto como tener una piedra en el zapato.

Lamentablemente existe alrededor de un 15% de parejas que no les resulta y que amparados en el discurso médico y social, deciden comenzar la agotadora carrera por ser papás. Esto incluye espermiogramas, ecografías, exámenes de sangre, scanner, resonancia, etc etc etc. Un sinfín de procedimientos médicos que no hacen más que robotizar, enfriar y mecanizar un proceso que debería ser íntimo, amoroso y nutritivo.

 

Al mecanizar el procedimiento la tierra fértil (el acto sexual) se comienza a secar y resulta cada vez más difícil sembrar una semilla  en tierra dura y que florezca. 

 

No me deja de sorprender cuando converso con parejas que han pasado por este proceso y que finalmente se quedan embarazados cuando el doctor, después de años de tratamiento y millones de pesos invertidos, les dice que ya no hay nada más que hacer. Y ahí, mágicamente algo pasa que al cabo de pocos meses hay una mujer embarazada. La misma mujer que la medicina científica le cerró las puertas de la maternidad.

 

No es tan mágico tampoco. Aunque quizás algunos ginecólogos me maten si están leyendo este post, debo decir que soy una convencida de que soltar el control es lo que permite la exitosa fecundación, no se necesita nada más.

 

Yo soy súper gráfica en mi pensamiento, todo lo llevo a una imagen para poder explicarle a las parejas o a mis amigas que han pasado por este proceso y siempre les digo lo mismo.

 

Mientras más control, más apretado. Imagínate una madeja de lana perfectamente enrollada donde nada puede entrar, ni la más mínima pelusa, así es como veo a los óvulos. El trabajo que yo hago en terapia de pareja es hacer que esa madeja se vaya soltando lentamente para permitir la entrada del espermio. Y el trabajo es de la pareja, no de la mujer, porque uno tiene que soltar el control y el otro tiene que retomarlo.

 

El otro día hablaba con Tomas Díaz, acupunturista especialista en fertilidad que colabora en La Papa y conversábamos que sería ideal que las parejas antes de someterse a la cantidad de tratamientos millonarios que existen en el mercado, puedan abrir sus posibilidades para la medicina complementaria y la terapia de pareja. Creemos que este camino no sólo es más barato, sino que más sano y contenedor para la pareja. Es acompañarlos a arar la tierra para que la semilla plantada pueda dar frutos, y esto sólo se hace con mucho amor, compañía y tacto.

 

Lo más importante es que esa pareja esté bien sostenida y preparada para el camino que deben recorrer, a veces son 2 años, otras 10. En cualquiera de los dos casos existen dos opciones, o salen fortalecidos e imbatibles, o la pareja se destruye lenta y tortuosamente, ya que la convivencia diaria con las rabias, frustraciones, culpas y por sobre todo el anhelo de ser padres los separa lentamente y son ellos los encargados de re-unirse una y otra vez.

 

Ver como a tu alrededor tus amigas se van quedando embarazadas, ir a los babyshower, a la clínica a conocer a ese recién nacido con tu cara de amor y ternura, que no dudo que es genuina, pero que encubren el dolor de no poder ser tu esa madre recién parida, se transforma en algo cotidiano, que no hacen más que alimentar el anhelo de engendrar pero al mismo tiempo refuerzan la fantasía de la infertilidad. Y te encuentras permanentemente divagando por ambos polos que te sacan de tu centro, te desesperas y comienzas a buscar culpables.

 

Estos son los momentos de más rabia, donde quieres mandar todo a la mierda, donde no entiendes por qué no puedes quedarte embarazada, donde hacer el amor se ha transformado en un acto mecánico, comandado por un termómetro que mide la temperatura de tu cuerpo y la vitalidad de tus óvulos. Donde se extingue el coqueteo y la previa, donde los besos pasan a segundo plano y donde la verdad, es que lo único que necesitas es que tu pareja eyacule para ver si a las dos semanas tienes un atraso.

 

Y los hombres, que creen que tienen que ser el fuerte de la relación intentan calmar a esta mujer desesperada por ser mamá, pero no demuestran su dolor, su sufrimiento y sus ganas, o tal vez lo hacen pero de otra forma. Entonces las mujeres interpretan su actitud como si a él no le doliera lo suficiente y como el hombre es más resolutivo, busca y busca opciones de tratamientos llegando a plantear inclusive la adopción para calmar a su mujer. Opción que no muchas veces es bien recibida ya que prácticamente TODA mujer quiere gestar, parir y amamantar a su hijo.

Y así es como la pareja se va desgastando, desilusionando y agotando del proceso. Si a esto le sumas que todo el mundo te pregunta para cuando la guagua, cómo vas con los tratamientos, cuales son los pasos a seguir y te consuelan con un “Tranquila, ya va a resultar”, que a pesar de que lo dicen desde lo más profundo del corazón, son palabras que nadie quiere escuchar.

 

Yo a las parejas que veo que están en este proceso por lo general les digo que entre los dos puedan crear una respuesta automática, así como cuando uno manda un mail a una persona que está de vacaciones y el servidor te responde automáticamente que no está. Aquí tiene que ser igual, con el fin de responder a las inquietudes del resto sin entrar en la desesperación. Pero hablarlo de alguna forma que resulte natural, sin fingir.

 

Si hay algo que puedo asegurarles a todas las mujeres que están intentando ser mamás es que el vivir este proceso lo más consciente y en paz posible es un regalo para ese bebé. Porque sé que será doloroso, todas las dudas, las incertidumbres, la imposibilidad que te atormenta a diario te lleva a un lugar muy oscuro, del cual debes salir rápidamente. Y si sientes que no tienes los recursos para hacerlo por tus propios medios, pide ayuda. Esa es la primera receta para soltar el control, entender que solos no lo pueden hacer.

Espero de corazón que si el amor que sientes por tu pareja es real, lo usen como la mejor medicina para la fertilización. Que hacer el amor siga siendo un acto de amor y no un acto médico. Que los abrazos y las conversaciones se multipliquen. Que caminen juntos este camino, mirándose a los ojos y con la frente en alto. Nunca dejen de luchar, les digan lo que les digan no se rindan. Cultiven la esperanza de ser padres cómo mejor les resulte y ámense locamente que esa es la única receta para que una pareja que está en perfectas condiciones biológicas, pueda embarazarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

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