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Hablar de Sexualidad con nuestros hijos

Por años hemos arraigado la creencia popular de que hablar de sexualidad con nuestros hijos podría ser interpretado por ellos como un “chipe libre” o hasta un incentivo para su vida sexual, y esto es un tremendo error.

 

De partida tenemos que tener en cuenta que la exploración de los niños por su cuerpo parte mucho antes que en la adolescencia como se acostumbra pensar. Todas las que somos madres de niños pequeños nos damos cuenta que antes del año, los niños ya están tocando su pene y alrededor de los 2 años y medio las niñas ya se dan cuenta que en los hombres hay algo que ellas no tienen y empiezan a preguntar por ello, y es aquí donde parte la educación sexual.

 

Primero que nada, ambos padres deben familiarizarse con el término PENE y VAGINA, dos palabras que son parte del diccionario y que no significan nada más que una parte del cuerpo, así como cabeza, rodillas, estómago, etc. Una vez que los padres se sientan cómodos pronunciando esas palabras podrán transmitírselas con seguridad a sus hijos.

 

Lo segundo es poder conversar con el niño/a, independiente la edad, y poder transmitirle que su pene o  su vagina son partes de su cuerpo que sólo se pueden tocar cuando están en privado: por ejemplo su casa, su pieza, su baño. Y cada padre podrá ejemplificar con algo que sea familiar con el niño para que pueda entender mejor.

 

Si lo vieran tocándose algo en la plaza o en el jardín, lo ideal es que amablemente se acerquen (hasta se lo pueden decir en secreto para darle el carácter de privado) y le digan que recuerde que eso sólo se hace en casa, y que cuando lleguen él o ella podrá hacerlo. Ojalá evitar el NO (con cara de espanto).

 

Un tercer punto que me parece importante mencionar es que cuando sus hijos les hagan una pregunta de sexualidad y ustedes no tengan la respuesta, no inventen ni tampoco digan ‘no se’. Una buena manera de dejar al niño tranquilo es decirle ‘en este momento no lo se, pero voy a preguntar para contarte más tarde’. Y esto no sólo aplica en preguntas que no sepamos si no en aquellas que nos dejan sin habla y con cara de huevo frito jajaja.

 

Si sus hijos son más grandes es muy importante la conversación, íntima y clara. Por ejemplo, los niños entre los 10 y 12 años ya podrían estar experimentando sueños mojados o excitación. Es decir, su cuerpo hormonalmente ya se está comportando como un adolescente pero quizás él sigue siendo un niño en su mentalidad, y esto lo confunde tremendamente.

 

Este es el minuto en que él necesita un papá o una mamá que le explique con peras y manzanas lo que está pasando. Y para que se lo puedan explicar, primero hay que entender, entonces lo primero es que ambos padres se informen lo mejor posible y se preparen para cualquier pregunta que el niño pueda hacer.

 

Hay que considerar que hay niños que son más agrandados que otros, por lo que no podemos dar parámetros de edades, es trabajo de cada padre leer a su hijo y ver el minuto en que éste pueda escuchar aunque se quede callado. Estas conversaciones no son cómodas, no sé porque hablar de sexualidad nunca es cómodo para nadie, y esto se lo podemos decir: ‘Con el papá queremos conversar contigo un tema que no es muy cómodo y nos pone nervioso pero que creemos que es importante que lo sepas’. Su hijo se va a sentir mucho mejor sabiendo que sus papás están tan nerviosos como él.

 

En el caso de las niñas hablarles de la menstruación, los síntomas pre menstruales, la aparición del botón mamario, embarazo, etc es extremadamente necesario. Uno no se imagina la cantidad de preguntas que las mujeres tienen, me atrevería a decir que muchas más que los hombres. En el Informe Kinsey* aparecen preguntas que les llegan a sus laboratorios y que se repiten sistemáticamente, una de las que llama más mi atención es la creencia de las mujeres que con un beso con lengua pueden quedarse embarazadas.

 

Por esto es muy importante de que sus hijos sepan por ustedes, su primera fuente y la más confiable para ellos, todo respecto de la sexualidad. Llevar a las niñas donde una ginecóloga que apoye el discurso materno y que pueda hacerles otras preguntas que una hija no le va a responder a su mamá, como por ejemplo si ya perdieron la virginidad.

 

Acá es clave la ginecóloga, hay unas que se especializan en adolescencia y hacen entrar a la niña y la madre pero en algún punto de la consulta le pide a la mamá que salga para ella poder tener ese espacio privado.

La sexualidad es un mundo de conocimiento que nadie quiere tocar, y por eso la sociedad se enfrenta cada vez más a embarazos adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, entre otros.

 

Es nuestra responsabilidad como padres estar en permanente comunicación con nuestros hijos. Probablemente no nos van a contar si pierden la virginidad, pero si lo hacen estaremos seguros que lo hizo consciente y responsablemente, y no porque fue obligado/a.

 

*El Informe Kinsey fue el resultado de un estudio sobre el comportamiento sexual humano realizado por Alfred Kinsey, Wardell Pomeroy en 1950.

 

 

 

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