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¿Estimular o Acompañar?

Desde que estuve embarazada hasta que mi hijo nació siempre recibí consejos desde mis más cercanos o desde la misma industria, sobre la importancia de estimular tempranamente a los bebes. Son muchas y variadas las fuentes que recomiendan en la misma gestación comenzar a estimular a nuestros hijos, por ejemplo con música estilo “Mozart” y una vez nacido ese niño, la importancia de ponerlo de guatita o  “Tummy Time” rodeado de un sinfín de juguetes con música y colores brillantes para favorecer el desarrollo motor y de paso la inteligencia de ese niño.

 

Como mamá, personalmente no me hacía mucho sentido tanta estimulación temprana, ya que veía en mi propio hijo como todo lo que lo rodeaba, sentía, escuchaba en su día lo trasportaba a una fiesta para sus sentidos. ¿Con toda la información que recibía, era necesario estimularlo aún más?

 

A estas alturas, yo me preguntaba si la mama de Einstein se habrá puesto audífonos en su guata o lo habrá llevaba a clases de estimulación temprana? ¿Qué estamos observando en los recién nacidos que tengamos una urgencia por apresurar sus procesos? ¿De quién es la prisa, del niño o de nosotros los adultos?

Si has tenido la oportunidad de estar con un bebe, notaras el interés que tiene ese niño por observar su entorno es incansable. Siente placer en tocar, tomar, sentir, estrujar, oler y dejar caer objetos. Y esto fue justamente lo que la pediatra Emmi Pikler observo en los niños, llegando a postular la importancia de la libertad en el movimiento y el papel del adulto como un acompañante del niño.

 

Cuando un niño es libre en sus movimientos y cuando se le brinda seguridad efectiva, este se vuelve muy activo. La misma Emmi Pikler descubrió que la actividad es una necesidad desde el momento en que nace el ser humano, por lo que si tenemos esta premisa en cuenta debemos asegurar que el niño sea capaz de moverse a su ritmo. La calidad de las interacciones que ese niño tenga con un adulto o su entorno van a ser fundamentales en el psiquismo de cada niño.

 

Decirles a nuestros hijos como deben jugar, moverse, o situarlos en posturas que por ellos mismos no han alcanzado es desde esta mirada, limitar su capacidad de creatividad, espontaneidad, descubrimiento y experimentación. Los bebes no solo se mueven para agarrar objetos porque si, sino que también para comunicar y expresar sus emociones. Sus pensamientos se dan en ese movimiento, toman decisiones en ese movimiento y se conoce a sí mismo, a los otros y al mundo que los rodea en ese movimiento. 

 

No solamente debemos percatarnos de cuan bien toma, acerca o dirige un objeto, sino más bien en el proceso que lo ha llevado al objeto. Los niños están abiertos y son sensibles a la mirada del otro, por lo que es fundamental como acompañamos a ese niño, idealmente libre de prejuicios, presiones o expectativas. Todo niño independiente de su edad, está lleno de iniciativas, el problema está en que nosotros los adultos muchas veces no nos percatamos de esas iniciativas, por  lo que un niño necesita que un adulto le brinde es tiempo y espacio.

 

Permitámosle hoy vivir a nuestros hijos lo que es propio de su edad y no lo que queremos que sea a futuro. Debemos preocuparnos por enriquecer el hoy, respetar quien es, no lo que va hacer dentro de dos o tres años más. Dejemos a nuestros niños descubrir sus propios intereses para que ellos desde su propio deseo puedan implicarse en su propio aprendizaje.

A cuantos de nosotros nos da la sensación de que muchas cosas de lo aprendido en el colegio simplemente se desvaneció en el tiempo y eso es justamente porque fue un aprendizaje impuesto por otro. Cuanto cambiaría la educación y la forma en que un niño aprende, si esta fuera a partir del interés del niño y no del adulto.

 

Deja que tu hijo se mueva en libertad, en su momento y a su tiempo. Cada niño se moverá, caminará, dejara los pañales cuando madurativamente esté listo. En este momento de su vida no necesita una mano que lo apresure y tire para caminar. Lo que tu hijo necesita es que confíes en el, que le permitas darle tiempo, “sus tiempos” para poder hacerlo por sí mismo. Mantente en todo momento a su lado, acompáñalo, que él sepa que tu estas ahí, confía en él. Siempre recuerda son SUS tiempos, SUS procesos, mientras tanto tu acompáñalo.

 

Lecturas recomendadas

 

  • "Moverse en Libertad". Emmi Pikler

  • "Los tiempos de la Infancia". Alfredo Hoyuelos.

 

 

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